Cuántas personas logran a lo largo de su vida diseñar y construir su casa a la medida de sus necesidades?

Cuántas logran comprar una vivienda que realmente les guste?

Cuántas personas viven de alquiler en lugares que han elegido y que les llena el gusto?

Y cuántas viven adormecidas y como pueden?

 

Independientemente de cuál sea nuestro espacio vital, sus características o proporciones, o con cuántas personas compartimos espacios, la pregunta es; cuántos de nosotros podemos decir que nuestra vivienda es reflejo de una buena, sana y elegida forma de habitar?

 

Antes de empezar esta conversación, creo muy importante tener presente lo siguiente:

 

Sembrando un acto, cosecharás el hábito de un acto.

Sembrando un hábito cosecharás un carácter.

Y sembrando un carácter cosecharás un destino.

 

Aquí, en este espacio vamos a hablar de hábitos en el habitar y de las  posibilidades de trabajar como equipo para apropiarnos de los lugares que habitamos y construirlos en conformidad y concordancia con nuestras metas y aspiraciones.

Para eso, vamos a sentar las bases diciendo 3 cosas.

Primero, que todo lo que se diga aquí, es aplicable a cualquier ámbito espacial donde realicemos actividades, ya sea la casa o vivienda, oficina, negocio, terraza etc.

Segundo, que para que “mi lugar”  sea expresión de “mi sueño“, no es indispensable el dinero, a veces ni si quiera hace falta.

Tercero, que si dignificamos las actividades que realizamos y a cada cosa que “elegimos” incorporar, le asignamos un lugar específico, vitalizamos y ennoblecemos nuestra vida.

Habitar se refiere a “formas de llevar a cabo las tareas cotidianas”, y por lo tanto expresa nuestra “estructura mental” pero también nuestras aspiraciones y formas de ocupar el tiempo a disposición.

Si simplificamos, las preguntas serían algo así como: Cómo somos cuando somos? Cómo hacemos cuando hacemos?….

El cómo habitamos determina muchas cosas, pero sobretodo determina gran parte de nuestro estado de ánimo y por lo tanto el optimismo o pesimismo con el cual nos enfrentamos al futuro.

Evidentemente pues urge reflexionar acerca de cómo habitamos, es decir, a través de qué formas concretas, referidas a dinámicas espaciales, estamos llevando a cabo las tareas cotidianas, eso a la vez de tomar conciencia acerca de aquellas actividades a las que le estamos dedicando tiempo y cuáles de ellas nos modificaría sustancialmente la vida el poder dignificarlas, asumiéndolas como importantes para que se lleven a cabo de una forma mucho más gustosa.

También cabe abordar aquellas actividades que siempre estamos dejando postergadas ya sea porque no encontramos momento para realizarla o porque nuestra casa no recoge la posibilidad o bien no lo hace de forma fluida.

Cuesta mucho cambiar hábitos en el habitar porque generalmente son expresión de una estructura mental o sistema de creencia sumamente arraigado. De tanto hacer siempre de una determinada manera “esa actividad”, el cuerpo se acostumbra y ya ni se lo plantea, lo hace. Cada vez repite los mismos pasos y se produce un “automático. Pero lo más frecuente es que “esa forma de hacer” sea expresión de estructuras mentales heredadas que no se condicen con nuestras propias maneras de hacer, ya que esas pautas de “otros”, no nos permiten dar expresión a “nuestras propias pautas”.

Este espacio de reflexión acerca de hábitos en el habitar pretende ser un espacio conversación que posibilite flexibilizar aquellas pautas heredadas para que esa voz interior, que no es escuchada, pero que pugna por surgir, aparezca y posibilite la búsqueda y el cambio.

Todo lo que en este espacio de conversación se diga, será desde el profundo compromiso con la “calidad del habitar” de las personas. Esto significa que la preocupación será siempre la calidad de vida de las personas que se desprende del cómo habitan y no de cómo decoran sus casas. Significa que el interés último será que las personas ojalá logren apropiarse de sus lugares y construirlos en conformidad y concordancia con sus metas y aspiraciones.

 

«Las bestias tienen madrigueras; el ganado, establos; los carros se guardan en cobertizos y para los coches hay cocheras. Sólo los hombres pueden habitar. Habitar es un arte. Únicamente los seres humanos aprenden a habitar.»

 

Los seres humanos tenemos la posibilidad tomar las riendas y reflexionar acerca de cómo nos gustaría fueran las prácticas a través de las cuales llevamos a cabo las tareas de una vida. Querer es poder, dicen, por lo que es una posibilidad cambiar los “automáticos”, y abandonar aquellos patrones heredados que no se condicen con el tipo de vivienda que habitamos, ni con el tipo de prácticas que mejor se adecuan a cómo nos gustaría “vivir la vida”.

 

Creo firmemente que el diseño de una vida es una aspiración que debemos concedernos. Con esto el diseño de nuestra casa y todos aquellos espacios en los cuales se desarrollan nuestras actividades, pensar cómo queremos vivir la vida que estamos viviendo, y construir las dinámicas que lo posibilitan en los espacios que habitamos.

Es por eso que planteo este espacio de conversación como un soporte o dispositivo para que aquellas personas que quieran vivir en “lugares con alma” puedan aprender a pensar en cómo son sus prácticas, e imaginar cómo podrían ser para disfrutar más de la vida. Hablo de ampliar la conciencia en lo que al habitar interior y exterior se refiere. Desplegar posibilidades para que la gente se inspire y pueda evaluar y planificar su futuro. Ver posibilidades reales y saber cuánto esfuerzo cuesta llevarlas a cabo, permite plantearse si es eso lo que queremos, si podemos hacerlo y cuanto tiempo nos llevaría desplegar esa nueva realidad.

Porque no pensar en el cambio como un proceso e invertir cada trimestre o cada año, parte de nuestros esfuerzos en lograr este objetivo. Podemos hacer grandes cambios en nuestra casa, por etapas, para  transformar paulatinamente nuestra casa en un lugar que recoja nuestros quehaceres diarios de manera exponencialmente más grato. Por qué no hacerlo? Estamos esperando a ser ricos?